Primero, para los que me conocen, esto no es sobre si yo mismo he influido en estudiantes. Sería algo pretencioso, egocentrista, narcisista y por demás inútil de leer.
Hablaré de los y las maestras que influyeron en mi vida de estudiante, y como eso ha definido varios patrones en mi labor profesional y hasta en mi vida en general. Sinceramente, no estoy seguro si yo he influido en los estudiantes que he tenido. Cuando comencé mi carrera de maestro era pésimo, impaciente, todo me hacía enojar, y tampoco dominaba del todo algunas cuestiones de la materia que enseñaba. Pero quise superarme, quise ser mejor y por ello logré lo que nunca creí, ser buen docente.
Comenzaré hablando de mi educación básica.
Desde la primaria hasta la prepa nunca tuve alguna maestra o maestro que pudiera yo considerar valioso, o que de verdad influyera en mí de forma positiva. Recuerdo que siempre había prejuicios hacía mi persona sólo por ser un niño con cara de tonto, delgado y tímido.
Siempre me metía en peleas y cuando iba con el maestro o incluso directores o subdirectores, no querían escucharme.
Empecé a engendrar un sentimiento de encono y rencor, no sólo hacía los maestros y directivos, sino a la misma escuela en sí, a la educación en general. Y no miento, recuerdo que luego de titularme de la universidad pensé "esos maestros que tuve en prepa o secundaria, ahora puedo ir y escupirles la tumba". No haría eso obviamente.
Para cuando cursaba la prepa, siempre estaba metido en problemas de indisciplina. Simplemente no me gustaba ir a la escuela, la detestaba junto con todos los maestros; y a los que tenía por compañeros de clase. Sufrí acoso o bullying como muchos, pero eso no me hizo quedarme en un rincón a llorar, entregarme a vicios, o bien incluso buscar que me dieran todo por simple lástima.
Para enfrentarme a una situación tan dura, tuve que armarme de valor yo mismo. Motivado por la ira, y un fuerte deseo de venganza, me enfrenté a mis acosadores, a veces de formas muy violentas utilizando sillas, palos y lo que fuera. Era una forma de defenderme porque la dirección de la escuela, o los maestros no me apoyaban en nada.
Era finales de los 90. Aún en nosotros como chamacos persistía el "o te defiendes o te mueres" " Ojo por ojo" "A casa no llegues llorando". No sé si eso aún aplica en estos tiempos, pero en los míos no cabía lugar para quedarse llorando, tenías que luchar por sobrevivir y por tu propia cuenta. No había ni psicólogas, ni servicio social, ni autoridades, ni procuradurías de derechos humanos que te defendieran, es más, a veces ni en tu casa te iban a defender.
Hubo una ocasión en que el director de la preparatoria me prometió cambiarme al turno matutino porque no me gustaba el vespertino si cambiaba mi conducta y mis calificaciones. Lo hice. En un solo semestre cambié todo para bien. Y sorpresa, él no cumplió el trato, incluso buscó expulsarme. Eso me entristeció de sobremanera y me regresó al mundo violento y desastroso en el que ya había estado.
Como pude terminé la preparatoria, no sin reprobar algunas materias, que luego aprobaría de forma extemporánea.
Finalmente pude matricularme en la Universidad Veracruzana (U.V) de Xalapa. Para mí eso era algo totalmente nuevo. Un mundo distinto que se me abría y que parecía tener otro sentido. Era como una epifanía. De haber vivido situaciones muy difíciles, parecía que finalmente conocería algo mejor. Y así fue.
La Universidad cambió mi vida
Fue en este nivel donde por primera vez supe que significaba tener un buen maestro, una buena maestra. Y eso fue inspirador. Por primera vez le encontré sentido a la escuela y me sentía contento de estar en un lugar. Estaba ávido por aprender, y siempre busqué dar lo mejor en las materias en las que tuve muy buenos maestros y maestras.
Mi carrera fue la licenciatura en Lengua Inglesa y aunque no estaba seguro de mi elección, con el tiempo aprendí a quererla.
Recuerdo mis inicios con el maestro Esteban Suárez de la materia Taller de Inglés. Un tipo ameno, simpático, conocía bastante de cultura y teníamos mucha afinidad musical. Eso me dejó impresionado y claro, me gustaba atacarme de la risa con sus chistes.
Yo ya sabía algunas cosas de inglés porque escuchaba mucho rock en ese idioma. Sin embargo, el Mtro. Esteban vino a potenciar lo que ya sabía y lo extendió aún más. Sin duda es alguien quien me influenció a dar lo mejor y a aprender con entusiasmo. Y si me lee maestro, no fue a mi ceremonia de titulación cuando lo invité, pero no importa, lo sigo estimando como siempre.
El maestro Esteban tenía o tiene una filosofía de trabajo que yo utilizo gracias a él precisamente: que lo que tú le enseñes a los estudiantes, tenga sentido para ellos, que lo que ellos hagan tenga sentido. Y para eso necesitas ser un docente pragmático, no hay más.
Otra maestra que sin duda fue un pilar en mi formación sería la maestra Ana Livia Martínez, quien nos impartía materias en español. Es decir, cuestiones como gramática, redacción pero en español. Esto porque a nosotros en la licenciatura nos metieron la idea de que para aprender otra lengua, primero debes de dominar la tuya.
La maestra Ana Livia dominaba su materia, era una persona que te transmitía el gusto y aunque suene cursi "amor por enseñar y aprender". Era muy apapachadora, pero eso no le quitaba que si no aprendías, ibas a reprobar. Lo digo porque en la primer materia que me dio que fue Morfosintaxis del Español, me reprobó en el primer parcial, y no recuerdo cuanto habré sacado en ese examen pero si fue bajo. La maestra me dejó claro que por muy buena gente que fuera, si no aprendía no iba a pasar.
Entonces, tuve que dar el doble de esfuerzo para aprobar dicha materia porque para mí era muy difícil. Muchas nociones que ella explicaba no las entendía. Así que no me perdía una sola clase. Me iba a la escuela aunque fuera sin arreglarme y casi despertando de la siesta con tal de aprender lo que tanto se me dificultaba. Y claro, me motivaba el deseo de no reprobar; porque mi mamá me dijo que si reprobaba una materia quedaría fuera de la carrera. Esto por mi historial tan malo en mis grados anteriores de prepa y secundaria.
Al final pude aprobar con la Mtra. Ana Livia y el gusto de haberlo conseguido con esfuerzo, dedicación y pasar aprendiendo, me hizo sentir más seguro de mí mismo para continuar en la carrera. La maestra incluso con mucha alegría me mostró mi calificación aprobatoria. Todo eso era motivación para mí.
No te das cuenta como cambias del primer semestre de carrera a los que siguen. Vienes de otro ambiente, y si vences ese cambio en tu primer semestre de universidad, lo demás ya es más fácil y ya nada te sorprende ni se te dificulta.
Cuando me titulé ni dudé por un minuto en pedir que la maestra Ana Livia estuviera conmigo en mi acto protocolario. Su influencia fue enorme, porque me dejó claro que lograr las cosas uno mismo con esfuerzo es algo que nadie te quita; y que te da fuerza para seguir adelante.
Cuando la vi en la ceremonia recuerdo sus palabras "no me acordaba de ti, es más, ando muy ocupada, pero cuando algún exalumno o exalumna me invita a estos eventos, no dudo en decir que si, es bonito que se acuerden de uno luego de haber sido su maestra". Se siente fantástico culminar una etapa con alguien así.
Recuerdo que no hace mucho y ya siendo yo maestro, dos personas a quienes les había dado clases llegaron a verme al salón donde estaba yo enseñando en un nuevo grupo. Me dijeron que tenían problemas en la forma de enseñar del docente que tenían ahora. No dude en decirles "si se quieren quedar de oyentes, adelante". Ahí recordé lo que mi maestra Ana Livia dijo "es bonito que se acuerden de ti". Y por ello me sentí comprometido a ayudarles sin pedir nada a cambio.
Luego está otro maestro quien influyó en mí de sobremanera, y quien sin querer definió lo que sería mi forma de enseñar a futuro.
Me refiero al Mtro. Tomás Uscanga Constantino. Un tipo que enseñaba materias de español. Sin embargo, no sólo era profesor, era escritor, músico, montaba obras de teatro, cantante, a todo le hacía, menos a la política, pero en las artes era un mar de conocimientos.
Como dato curioso, el profe Tomás es homosexual, pero a nadie le importaba. El profe se ganó el respeto y admiración no sólo de mis compañeros y yo, sino de toda la comunidad universitaria con su buen desempeño.
En el caso del profe Uscanga, sólo nos fijábamos en su trabajo y en su trato que era extremadamente respetuoso y cordial. En las evaluaciones docentes recuerdo que entre compañeros nos desvivíamos de halagos hacia él, porque nos enseñaba bien. Hasta nos dejaba salir temprano porque sabía enseñar de forma práctica, por eso no le tomaba mucho tiempo ver que aprendiéramos algo.
Mi primer materia con él fue Morfosintaxis II. Que por cierto era el segundo nivel de la que me impartiera la maestra Ana Livia, y en la que casi repruebo.
El Mtro Uscanga era admirable. Llegaba al aula sin libro, sin manual, sólo con su pequeña agenda, un gis, a veces unas hojas de ejercicios hechas en máquinas de escribir y fotocopiadas. Antes se escribía en esas cosas, no era generalizado el uso de computadoras. Cuando comenzaba la clase, te desglosaba el tema de forma sencilla, práctica, interactiva y amena.
Luego pedía que pasaras al pizarrón a hacer ejercicios. Cuando me tocaba mi turno, no tenía problemas en resolver lo que él me pusiera. Casi había reprobado el primer nivel de la materia, y en la urgencia de aprobarla, terminé dominándola porque tuve que aprender todo de forma forzada.
Siempre te felicitaba, pero lo que más me impresionó era el dominio que tenía de las cosas, la inspiración, el ingenio. Era un maestro que creaba ejemplos perfectos y claros sin tener nada de libros o manuales para tomar de ahí lo que expusiera. Eso te hablaba que su dominio de la materia era ABSOLUTO. Y yo me decía "ojalá un día yo llegue a ser tan chingón como él".
Para cuando me hice maestro, al principio sufrí mucho, poca paga, malos tratos, aparte venía de trabajar en el turismo en el que aunque si hablaba el inglés a diario, adquirí vicios del idioma como decir "two persons", cuando lo correcto es "two people". Olvidé muchas cuestiones gramaticales, y de hecho ni buscaba arreglarlo. Lo que quería era tener dinero para comer y pagar mis necesidades. No me interesaban diplomados, actualizaciones ni nada de eso.
No obstante, me dije a mí mismo que si me iba a dedicar a ser maestro, debía pulir mi forma de trabajar. Entonces comencé a idear mejores formas de llevar controles. Empecé a consultar cosas que no tenía claras o a reaprenderlas. Poco a poco me fui haciendo mejor, hasta que por fin llegué a un nivel en el que ya no me sentía abrumado porque vieran que podía no saber cosas de mi materia, sino por encontrar un empleo bueno en el que por fin me ganara lo suficiente, y pudiera sacar adelante todas mis habilidades.
Ahora puedo decir que domino mi materia. Esto es necesario, incluso obligatorio, no es algo para presumir. Lo digo porque dominar tu materia como docente te permite abordar las cosas de muchas formas, crear nuevas estrategias, materiales y demás para que los alumnos y alumnas aprendan mejor.
Recuerdo estar enseñando en un lugar donde la mayoría dependía de exposiciones con diapositivas. Yo lo cambié. Por fin tenía mi propio estilo que era llegar al salón sin depender de un manual o libro ni diapositivas para tomarlo todo de ahí.
Preferí el pizarrón en el que desarrollaba el tema poco a poco con ejemplos creados por mí o tomados de los mismos estudiantes, pero aplicados a la materia en cuestión que es inglés. Y no me di cuenta pero finalmente estaba haciendo lo que le vi hacer al maestro Uscanga cuando yo fui su alumno: enseñar demostrando que se tiene un completo dominio de las cosas, y por ende poder hacerlo más fácil y práctico para los estudiantes.
No diré nunca que soy mejor que él, es más ni pienso que algún día tendré la sapiencia que él tiene, pero no cabe duda que su influencia me llevó a potenciar ese método pragmático e interactivo que mi maestro tenía. Esto, ya aplicado a la era moderna, en la que convivimos con mucha tecnología. Es decir, que no superé a mi maestro, sólo extendí un poco más su metodología, por ello es que lo considero una gran influencia.
Otro que también influyó bastante en mí como universitario fue el maestro Juan Ventura. Un señor pintoresco, elegante siempre con su traje y corbata completo, así hiciera calor o frío, lo veías como todo un profesional con su portafolios en la mano, y su barba bien arreglada. Es decir, el tipo era elegancia pura; y desde luego esto iba de la mano con la calidad de cátedra que impartía.
La primera materia que me impartió fue Métodos de Investigación, y la verdad en esa no aprendí la gran cosa porque trabajábamos en equipos al ser un grupo numeroso (casi cuarenta). Fue hasta que me lo volví a topar, pero ya en la materia de Taller de lectura y redacción en Español, en la que le aprendí muchas cosas.
El Mtro. Ventura tenía un método muy fácil, pero funcional "Prueba, error y corrección" cosa que ahora yo utilizo mucho. Y lo repetiré, esto lo terminé aplicando inconscientemente, nunca pensé en el profe Ventura cuando lo implementé las primeras veces en un aula. Es decir, que las enseñanzas buenas se quedan adheridas en ti, y no sabes cuándo de repente se convierten en herramientas, porque ese aprendizaje lo traes ahí guardado, listo para salir y dar algo bueno.
El Mtro. Ventura nos encargaba primero leer textos extensos e interesantes sobre sociología e historia. Hoy es imposible que un maestro te encargue eso, porque ahora las escuelas temen que un estudiante se politice, y comience a crear un sentido de rebeldía y de subversión; que lo lleve a convocar masas para protestar por lo que fuera.
Al profe Ventura no le importaba eso, te hacía leer cosas muy buenas. Luego te pedía que redactaras reseñas, síntesis o bien ensayos al respecto que podían ser desde 4, 6 u 8 cuartillas.. Le llevabas tu borrador, te lo corregía, te hacía observaciones, y de vez en cuando te pedía darle otra revisada. No siempre lo hacía. A veces encargaba algo para redactar y no revisaba borradores. Sin embargo, en clase si trabajábamos mucho la redacción en pequeños trabajos; para poder dar una buena retroalimentación a cada uno. Cabe decir que ya para ese tiempo, no éramos tantos en el salón de clases, a lo mucho 25. Entonces el maestro podía darnos una enseñanza más personalizada.
En aquellos años, el internet no era accesible como lo es hoy. Tampoco existían cosas como el Rincón del Vago, por lo que estabas obligado a dar un trabajo casi al 100% original. Ahora la IA, los traductores, las páginas que son repositorios, prácticamente te hacen todo si es que eres deshonesto en la escuela.
Me gustaba cuando el maestro Ventura me ponía anotaciones, felicitaciones entre otras cosas en mis trabajos escritos. Desafortunadamente, no conservo nada de eso ya. Aún así, gracias al Mtro. Ventura mejoré mi redacción, me nació el gusto por aprender más sobre cuestiones sociales, me despertó la mente para muchas cosas. Por ende es alguien que la verdad influyó en mí para bien.
Ahora hablaré de una maestra que me impartió una materia de Inglés. Mencioné ya docentes muy influyentes en mí pero casi todos me impartieron materias de español.
Seré sincero, en la facultad de Idiomas de la U.V, los maestros y maestras que impartían materias de Inglés o Francés eran deficientes en su mayoría. Por ende, es que me acuerdo más de mis maestros de lengua española.
Pero este no es el caso. Casi en mis últimos años de carrera tuve como maestra de Traducción de Inglés a Ivette Citizen. Ella es mexico-americana y tenía su residencia en Arizona. Su esposo, el también profesor John Bischel, nos impartía la misma materia a la par de su esposa. Imagínense eso, marido y mujer en un mismo salón dando una misma materia. Se turnaban para ver quien explicaba cada punto de la clase.
La maestra Ivette era muy práctica en su forma de enseñar. Es algo más que obvio. Aprender un idioma requiere práctica, no lo aprendes leyendo un manual, menos con diapositivas tediosas sobre teorías y ejemplos obvios o a veces mal planteados.
Nos encargaba casi en cada sesión traducir un pequeño texto. En clase todo el tiempo traducíamos, y siempre nos retroalimentaba con muchos ejemplos, cuestiones culturales o sociales. Era una clase muy buena. Siempre me felicitaba por hacer bien mis tareas.
No es por presumir, pero un día caminaba con una amiga por los pasillos de la escuela. La maestra Ivette pasó cerca de donde estábamos, nos vio, se detuvo a platicar y dijo con gusto "cuando reviso tareas siempre es Bruno y las demás". Eso es muy motivante la verdad. Y tristemente no tengo mis viejos trabajos para recordarlo. Se quedaron en una caja, me mudé de ciudad para trabajar en el turismo, y al volver a Xalapa, esa caja se perdió en el tiempo.
Y bueno, en mi caso ya como docente, la verdad que si he experimentado lo mismo con varios estudiantes. Siempre hay quienes se destacan por encima de otros, y te da orgullo que lo que les enseñaste lo saben aplicar de la mejor forma. Por ello dices, "es esta persona y los otros".
La verdad es cierto, siempre hay alumnos y alumnas favoritos. En mi caso eso no lo define que me caigan bien o que me regalen un detalle, lo define su forma de trabajar, de aprender, y de como se desarrolla la relación entre alumna, alumno y maestro. Me refiero al respeto, a ser abiertos a una crítica, a que los veas con ganas de ir por más, por superarse. Eso los convierte en mis estudiantes favoritos.
Yo no soy el mejor en cuanto a palabras de motivación, no se me dan. Aún así, no pierdo la oportunidad en reconocerle a un o a una estudiante la forma en la que trabaja, lo bien que lo hace, sus avances. Pienso que la mejor motivación es dar una enseñanza de calidad, ser respetuoso en todo momento con el alumnado, escucharlos, aprender a aceptar críticas de ellos, y sobre todo ser honesto.
Hasta aquí.
Dedicado a mi mamá que sin ella no hubiera podido escribir esto.
A la maestra Ana Livia quien ya partió (E.P.D) y que pude estar en su funeral aunque eso no me hace feliz. La maestra Ana Livia siempre está conmigo cada ves que entro a un aula, en el gusto por enseñar, y en el tener la capacidad para hacerlo.
La labor del docente es una responsabilidad inmensa, si bien puede hacer que detestes la educación en general y tengas que irte por lo malo, una buena maestra o un buen maestro, puede motivarte a ser mejor persona y a irte por un buen camino que te deje logros, y una conciencia tranquila sin importar lo difícil que sea transitar por la vida. Esta es mi propia idea, o a lo mejor inconscientemente se la copié a alguien, favor de anotar de quien y así darle crédito.
Claro también agradezco, a los buenos alumnos y alumnas que me han motivado para ser mejor, y para finalmente tener el gusto por enseñar, algo que nunca hubiera esperado que sucediera.
Algunos detalles de buenos y buenas estudiantes




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